El don de la fraternidad
A la hora de analizar algo en referencia a Clara y a su proyecto de vida, inevitablemente nos tenemos que ir al origen que no es otro que Francisco de Asís. Como ella misma nos dice, Francisco les dio una forma sencilla de vida. Por ello, al analizar el tema de la fraternidad en Clara, no tenemos menos que decir que es la gran aportación que el franciscanismo ha hecho a la vida religiosa y, por tanto, a la Iglesia. Todo esto ya lo pone de manifiesto Clara al comienzo de su Regla: “La forma de vida de la orden de las hermanas menores, que instituyó el Bienaventurado Francisco...”. Una forma de vida basada en la fraternidad, en la “santa unidad”, tal como se los inspiró el Señor a Francisco.
Hay que afirmar que en los escritos de Clara nunca aparece el término “Fraternitas”, pero vemos que usa el término “hermana” para designar a las monjas, luego, también nos habla de una comunidad de hermanas, que no es otra cosa que una fraternidad, cuyos vínculos, para Santa Clara, son el amor y la paz.
Tampoco encontramos en regla de forma explícita cosas sobre la fraternidad, y mucho menos una definición, como pasa con San Francisco, pero si vamos leyendo entre líneas y si observamos el gran trasfondo que se desprende de ésta, nos podemos dar cuenta de que Clara lo que quiere, al igual que Francisco, es que sea una comunidad muy concreta, que su orden no sea una de tantas, sino que, inspiradas por Dios, aporten algo nuevo a la Iglesia, y esta aportación no es otra que la de vivir el Evangelio en Fraternidad.
Clara insistía constantemente sobre la pobreza, orientada a salvaguardar la fraternidad, ya que si no tenían nada, la fraternidad era una entidad más viva, más real, ya que unas necesitaban de la otras, no dejándose arrastrar por la posesión de bienes. La gran aportación que Francisco y Clara hicieron a la Iglesia es ésta: vivir como hermanos y hermanas el Evangelio en fraternidad, para ser signos vivos del Reino de Dios en medio de las gentes.
En nuestro convento somos doce hermanas. Vivimos sencillas y alegres, felices en un pueblo que nos acogió y nos quiere. Hacemos de nuestras vidas una continua alabanza al Creador y sobre todo hacemos pleno el sentido de la palabra compartir. Todo lo que tenemos no es nuestro, sencillamente es de todas.